Con un plano secuencia de más de 6 minutos del que hasta el mísmisimo maestro Hitchcock se sentiría orgulloso de firmarlo pero que en la realidad lo hace la agencia BBH, la conocida marca de whisky Johnny Walker nos cuenta su historia.

Una historia con voz y rostro: el de Robert Carlyle, quizás junto Sean Connery e Ewan MacGregor, el actor escocés más conocido internacionalmente. La verdad que a un fanático de “Trainspotting” como lo es un servidor, no deja de resultarle curioso que el energúmeno de Begbie te narre las peripercias de una de las compañías güisqueras más míticas.

Una historia, sigo, de éxito, de intuición, de generaciones emprendedoras… un autobombo con toques de épica, todo ello fermentado en el rudo y musical acento escocés de Carlyle, un bello torbellino de erres rocosas y aspiraciones nasales.

Una historia, en fin, que bajo la etiqueta de “spot publicitario”, bien podría ser bautizado como cortometraje. Un sorprendente ejercicio de fusión de cine y publicidad, una magnífica ejecución cordinatoria, che, que tiene todas las papeletas para convertirse en la pieza publicitaria del año.