Berlín, la paradoja de Europa

Berlín no es Viena. Quien vaya con la idea de adentrarse en un laberinto repleto de monumentales avenidas flanqueadas por señoriales edificios burgueses, que se vaya olvidando. Berlín tampoco es Alemania. Del mismo modo que se dice que Londres no es Inglaterra. La capital adolece de ese carácter tan germano, sobrio, contenido y conservador. Es una ciudad vibrante, en constante cambio, en la que es casi más fácil comer un dim-sum o un falafel que un tradicional codillo con chucrut.